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Palabra

Mediante el lenguaje normalmente hablamos de la realidad, pero a veces también la trascendemos entrando en veredas que nos conducen a lo desconocido. Lo hacemos de manera especial sirviéndonos de manifestaciones literarias, que casi siempre superan el hecho concreto que atienden para situarlo en un contexto mucho más amplio, con raíces en lo oculto e ignoto, como si empapáramos cualquier hecho tangible en una especie de magia tan enigmática como real.


Árbol

Cautivos en espejos de azar
que el aliento del tiempo desmenuza,
sólo nos salva un instante
de lucidez, una suerte
diáfana, y el miedo de caer
en el pozo de hielo del olvido.
Efímeros, los ojos absorben
la luz fecunda de los astros.
Siglos y siglos de sueño
y realidad brotan en nuestro interior,
con fuerza, y nutren el árbol
grávido de la conciencia.

Joan Graell i Piqué, poeta de la montaña 
Llibre del vesc. La Seu d’Urgell: Edicions Salòria, 2009
Traducción conceptual del poema (una visión personal): 

Somos un producto del azar, al que siempre estamos atados, 
que poco a poco el tiempo va modelando como individuo único
que sólo vive un instante del tiempo universal, 
tomando vida lúcida y clara, con la suerte
de existir, pero siempre con el miedo
de no caer en el olvido del azar que nos ha engendrado.
Lo que percibimos es efímero en el contexto del universo
en apariencia más fijo y estático que nuestros frágiles límites.
Este sueño de la humanidad para buscar el sentido
también está en nuestro interior empujando
con fuerza y permanentemente
alimentando la conciencia de nuestra existencia. 

El tiempo forma parte intrínseca de nosotros. En realidad somos un trocito de tiempo que toma forma en el breve presente de nuestra existencia particular. Somos, realmente, efímeros i objetivamente poco relevantes, como lo es una gota de agua en el mar.

Esta gota existencial que somos es alimentada por la proximidad de otras gotas que coexisten y también por otras que han desaparecido dejando el legado del rastro de su presencia en el tiempo; y, como todas ellas, nos empeñamos en buscar un sentido en todo este confuso entramado universal del que sólo podemos extraer lo que nuestra consciencia, siempre presente, nos revela.  

La consciencia (https://hombreytodo.com/ca/pagines/) es la herramienta que nos liga al tiempo y que delimita el espacio que ocupamos y en el que vivimos. La consciencia es aquello que parece tener su origen en el absoluto desconocido y que sin duda nos conecta con el TODO infinito de manera natural, sin entender cómo lo hace ni esperando respuestas que nos aclaren el motivo último de nuestra existencia. Estos versos de Joan Graell parecen dejar entrever este misterio irresoluble.


«El infinito»
Siempre caro me fue este yermo cerro
 y este seto, que priva a la mirada
 de tanto espacio del último horizonte.
 Mas, sentado y contemplando, interminables
 espacios más allá de aquellos, y sobrehumanos
 silencios, y una quietud hondísima
 en mi mente imagino. Tanta, que casi
 el corazón se estremece. Y como oigo
 el viento susurrar en la espesura,
 voy comparando ese infinito silencio
 con esta voz. Y me acuerdo de lo eterno,
 y de las estaciones muertas, y de la presente
 y viva, y de su música. Así que, entre esta
 inmensidad, mi pensamiento anego,
 y naufragar me es dulce en este mar.

 Giacomo Leopardi, 1819 

Un buen número de italianos saben recitar de memoria estos versos escritos hace unos doscientos años por el poeta romántico Leopardi. ¿Por qué? Aparte de la bellísima fonética, no perceptible en esta traducción, el contenido es excepcional: funde la visión de un horizonte muy lejano con el silencio escondido tras el susurro del viento para trasladarnos a la vivencia personal y estremecedora de una quietud profundísima. En este estado –quizás paralelo a lo que se entiende por nirvana– se siente en disposición de captar el infinito eterno, en el que se concentra lo pasado con lo presente, permitiendo que la mente se funda dulce y naturalmente en ese mar.

La poesía, como otros tipos de arte, es un instrumento excepcional para expresar la recóndita simbiosis entre todos aquellos rasgos espaciotemporales que enmarcan cualquier aspecto de nuestra realidad y el absoluto infinito que nos está escondido.


“Todo hombre es libre de ir o de no ir a ese terrible promontorio del pensamiento desde el cual se divisan las tinieblas. Si no va, se queda en la vida ordinaria, en la conciencia ordinaria, en la virtud ordinaria, en la fe ordinaria o en la duda ordinaria; y está bien. Para el reposo interior es evidentemente lo mejor.
Si va a esa cima queda apresado. Las profundas olas del prodigio se le han mostrado. Nadie ve impunemente ese océano. Desde ese momento será el pensador dilatado, agrandado, pero flotante; es decir el soñador. Un extremo de su espíritu lindará con el poeta y el otro con el profeta. Cierta cantidad de él pertenece ahora a las sombras. Lo ilimitado entra en su vida, en su conciencia.
Se convierte en un ser extraordinario para los otros hombres, pues tiene una medida distinta que la de ellos. Tiene deberes que ellos no conocen”.

Victor Hugo, poeta, dramaturgo y novelista francès del siglo XIX, dedica estas palabras a Shakespeare.

Aunque este texto de Victor Hugo tiene más aspecto de cita que de texto literario al uso, lo incluyo en este apartado porque describe con enorme acierto lo que significa escribir y el sentido que tiene mostrar ese escrito a otros. Y esto no solamente ocurre con Shakespeare, a quien simplemente recurre como ejemplo o muestra, sino con cualquier persona que se exprese narrando, poetizando o incluso con un simple ensayo.

Lo ordinario es aquello en lo que vivimos de manera habitual; podríamos llamarlo realidad, que es simplemente aquello a lo que nuestro conocimiento puede acceder. La cima es aquel punto en el que tocamos lo desconocido, un punto mágico que nos conecta con el absoluto infinito que nos rodea y que, vivido y sentido, cambia radicalmente la perspectiva de nuestra visión de la realidad e incluso de nosotros mismos.

Es de ahí de donde el escritor –o el músico, o un creador artístico o cualquiera que se exprese con el proceder que caracteriza al sentir- bebe.  Sólo en ese lugar informe reside el sentido profundo de todo, que es accesible a cualquiera que se lo proponga siempre que se atreva a renunciar a la aparente seguridad que nos garantiza la jaula de la realidad en la que estamos. Pero un escritor tiene una especial habilidad  para mostrarnos que lo ilimitado forma recatadamente parte intrínseca de nosotros. En una palabra, experimentamos el TODO a través de su obra literaria.   

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